¿QUÉ HAGO? MI HIJO NO ME OBEDECE
Por.- Psic. Miguel Ángel de León Miranda

A muchos padres les preocupan los problemas de atención en clases de los niños muy inquietos, pero muy pocos se dan cuenta de que sobreprotegerles en casa no ayuda a entrenar estos procesos de atención.

Veamos un ejemplo:
José tiene 8 años y un cuadro de conducta muy desordenada. Cuando llega del colegio, entra en casa como un vendaval, deja la mochila en la entrada y el sweter en el primer lugar que encuentra. Después exige sin demora, que se le dé una botana. Tras la comida, mamá recoge el abrigo, lo cuelga en el armario y lleva la mochila de José a su cuarto. A veces le regaña diciendo: “Eres un desastre, siempre dejas todo por ahí tirado”. Cuando consigue que José acuda al cuarto, la madre saca los libros del colegio, lee la agenda y dispone los materiales para que José haga los deberes. Después se sienta a su lado para ayudarle. Tras los deberes, mamá le dice a José que se ponga el sweter que está en el armario para ir de compras.

Esta situación suele ser muy frecuente en la mayoría de los hogares. Recoger el sweter de José no le ayuda a que la próxima vez recuerde dónde lo dejó. ¿Cuál debe ser el comportamiento de su madre? En primer lugar, no recoger lo que José ha tirado. Si a la hora de salir, no recuerda donde lo dejó.

En su lugar podemos ayudarle dándole pistas como: “piensa donde lo dejaste al entrar”. De ese modo, José tendrá que retroceder mentalmente sobre su paso para descubrir dónde “inconscientemente” lo tiró. Este ejercicio de concentración, además de favorecer su maduración, le hará tener más en cuenta dónde deja las cosas la próxima vez. Si cuando llega a casa puede dejar el sweter tirado en cualquier lugar y “milagrosamente” aparece en el armario, no tiene la necesidad de prestar atención a lo que hace. Su conducta no tiene consecuencias en el tiempo. Él puede tirar el abrigo sin fijarse dónde porque es un hecho que no va a tener trascendencia después, simplemente, cuando lo necesite alguien se lo recordará: primero, lo que necesita y, segundo, dónde puede encontrarlo.

En la actualidad la falta de autonomía de los niños es un problema común a todos los padres, especialmente para los que tienen hijos únicos. Esto se debe, por una parte a que carecen de orientaciones concretas sobre qué es lo que deben hacer sus hijos y a qué edad es normal hacerlo, por otra, porque tener que dedicarse sólo a un niño deja tiempo suficiente para hacerle las cosas, lo que dificulta darse cuenta de la necesidad de darle al niño oportunidades necesarias para practicar.

Una madre con tres niños de 3, 2 y 1 año, le entrega la pijama al mayor y le pide que se la ponga mientras atiende a los pequeños. El mayor se queda perplejo mirando el pantalón que tiene en la mano y tarda por lo menos 2 minutos en reaccionar, en ese tiempo mamá no le presta atención porque está cambiando un pañal. El muchacho se decide a introducir un pie y le lleva un minuto más en dar con el agujero correspondiente. Mamá entonces le echa una mirada y observa sus intentos, mientras dice... “así muy bien”, mientras le ayuda a colocar bien el pie, “ahora mete el otro” después vuelve con el pequeño aprendiz quien muestra orgulloso a mamá cómo se ha puesto el pantalón.

Para una madre con un sólo hijo, este mismo hecho supone: 1) tomar conciencia de que su hijo ya es lo suficientemente mayor para vestirse solo, porque a diferencia de la mamá anterior, a ella no le surge la necesidad real de que su hijo “se vista solo”, y 2) debe estar preparada para aguantar con paciencia los infructuosos intentos de su hijo de acertar con el pie adecuado, la otra madre no los percibe con tanta ansiedad porque no está ocupada, sin darse cuenta, en el fondo, le transmite un mensaje de incompetencia (“trae acá que tú no sabes”). La próxima vez el bebé pedirá ayuda antes incluso de intentarlo.

Crear buenos hábitos de estudio.
Indudablemente los consejos que ofrecemos a continuación, como muchos de los anteriormente expuestos, no son útiles para niños muy inquietos si los padres no comprenden el papel decisivo que tienen en la creación de hábitos, tanto de estudio como de higiene o buenas maneras en sus hijos.

A continuación enumeramos algunos componentes básicos para ayudar en el colegio:
- Establecer una rutina de trabajo.
- Acondicionar el cuarto de estudio.
- Entrenar para que se acostumbre a trabajar solo.
- Premiar el ser capaz de adelantar material de estudio.
- Preparar la mochila para el día siguiente.
- Premiar la conservación del material escolar.
- Modelar conductas reflexivas.

Cuando hablamos de “modelar conductas reflexivas”, nos referimos a hacer de modelo para su hijo. Como si de esponjas se tratara, los niños pequeños imitan comportamientos, actitudes, valores etc., de los adultos que les rodean y dado que se encuentran emocionalmente más ligados a sus padres, es en éstos en donde encuentran su modelo de imitación prioritario. El estilo reflexivo es, por el mismo motivo, algo que puede aprenderse observando a los demás.

Tras una consulta, el señor Sánchez decidió aprovechar la posibilidad de hacer un modelo para ayudar a su hijo Jaime de 5 años a desarrollar actitudes y conductas reflexivas.

Dado que él era un hombre hiperactivo, pensaba que sus modelos de comportamiento no debían ser muy útiles, pero intentó aprovecharlos. Un día se encontraba en la cocina contándole a su mujer cómo se había desesperado tratando de hacer entrar a su jefe en razón. Tal era la tensión de la conversación que había sostenido que le comentó las ganas que había tenido de gritarle y “estamparlo contra la pared”.

En ese momento del relato, el señor Sánchez observa a su hijo Jaime que le miraba fascinado. Consciente de que le estaba dando un modelo de descontrol decidió variar la anécdota aprovechándola de una forma más educativa.

Con cierta maña improvisó lo siguiente...: “y, entonces, Ana, cuando creí que me iba a poner a gritarle como un loco, decidí ir al baño y calmarme.
Como no había nadie me senté en un taburete y respiré hondo tres veces, después, más tranquilo, pensé: vamos a ver, que gano yo con todo esto, si este hombre cree que las cosas se deben hacer así, allá él, yo ya le advertí de lo que pasaría. Después más tranquilo me lavé las manos y volví al trabajo. Al cabo de unos días el jefe se dio cuenta de su error y, aunque no me dijo nada, sé que se arrepintió de no haberme hecho caso”. Jaime su hijo, siguió comiendo tranquilamente como si la historia no le hubiese afectado en lo más mínimo, sin embargo, unos días después, el señor Sánchez, lo encontró sentado en la taza del WC meditando la mejor manera de conseguir que su hermana le devolviera su Power Ranger.

Los estudios sobre cómo influyen los modelos en el comportamiento de los niños, reflejan que un modelo que da pautas de conducta en las que todo se hace bien siempre es menos efectivo, es decir, es menos imitado por los niños que un modelo en el que se muestra como corregir un error, como rectificar y salir bien del asunto. En ese sentido, los padres tienen en su poder un arma que, bien utilizada, puede ayudar a su hijo inquieto a evolucionar más favorablemente.

También es sabido que cuanto más semejante sea el modelo al propio niño, más probable es que éste se fije en él y lo imite. Un vídeo de un niño del mismo sexo y edad suele tener un efecto más intenso en el sujeto que lo observa.

Retomado de trabajos realizados por la Profesora Isabel Orjales Villar.

 *Las opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor.